La vida me sorprende una vez mas, enseñando me que no se nada acerca de ella y que aveces cuando crees estar bien, perece ser solo una pantalla de algo a lo que no le quieres dar importancia, algo que esta muy en el fondo. Lamentablemente fui presa de las opiniones de los demás, por que una vez mas aunque diga que no me importa, ahí estaba, guardado en la entraña oscura. Tuve que enfrentar otra vez el fracaso y el error. El no saber que hacer y a donde ir. La tristeza, el arrepentimiento, la culpa. Enfrentarlo por mas doloroso que fuera, aceptarlo en toda su oscuridad.
Entonces sucedió el milagro.
Me di cuenta que al aceptar las cosas malas que habían sucedido o de las que fuere culpable, fue una experiencia positiva, por mas irónico que parezca, me quite el peso de lo hombros, me libere una vez mas y me perdone a mi mismo por todo en lo que he fallado y equivocado. Y es que tardé tiempo en darme cuenta, que perdía demasiado tiempo pensando y arrepintiendo me del pasado como preocupando me por el futuro.
Entonces volví a ser lo que antes era, consiente de mi muerte, entendiendo que las batallas se libran a la hora de la batalla y en el campo de batalla. Es decir, no hay mas tiempo que los que nos da un día. Bajo ese argumento, empezar a cambiar, a hacer, entender que cada segundo que pasa es un espacio mas distante del pasado,un segundo mas para cambiar. Por ultimo entender que vamos a fracasar, por que no podemos controlarlo todo e intentar hacerlo es una maldita locura. La vida siempre sera un 50/50 y de eso se trata esta entrada, no dejar que la incertidumbre y el miedo al que va pasar, a lo desconocido, nos atormente. Debemos, dejarnos llevar por la corriente dejar que todo fluya y que se acomode a su manera. Eso si, con los remos listos para enfrentarla.
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