Ayer fue la boda de una prima, yo esperaba que todo fuera tranquilo ya saben con eso de que no tomo. Me pensaba ir a la 1 con mi hermana, ella pediría un taxi y volveríamos a la casa. Por razones místicas del destino no sucedió así. Mi hermana dependía de que mi mama le permitiera volver a casa. Entonces pues mi madre nunca dijo que "si" y mi hermana nunca pidió el taxi.
Yo en esos momentos me estaba agobiando por la fiesta, la música, el alcohol, el alborozo, las palabras vacías que son traducidas a carcajadas. La gente se empezaba a atarantar. La parranda en oro puro. Cuando dieron la 1 y vi que mis oportunidades de escapar eran nulas. No me quedo de otra que unirme a la pachanga.
Fue sorprendente como todo el agobio quedo atrás y de la nada tenia esta habilidad de relacionarme tan bien con todos mis primos, con los cuales no convivo tanto. Trago tras trago el agobio ya no sabia tan amargo, al final era parte de aquel bullicio mundano y banal que se perdía en el vació. Aunque me divertí a final de cuentas.
Hoy las cosas tuvieron un enfoque distinto que pienso, debo de escribir para recordarlo. Pienso que debemos tener cuidado, el alcohol es una amiga ambivalente. Si tomas por tomar cuidado, si tomas por esquivar la realidad, de olvidarte de los problemas, de distraerte del momento, ten cuidado. Por que nos hace carga en los peores momentos y nos hunde poco a poco y así un ciclo sin fin. Por que cuando estas sobrio sentirás que algo te falta. Y adivina a quien recurres para llenar el vació. A la amiga amarga.
Ahora siempre he creído en los balances. Y creo que con el alcohol es lo mismo. Tomar cuando estés estable con todos los aspectos de tu vida. Buscar un momento para hacerlo. Y no convertirlo en habito, en rutina, en el día a día. Tampoco hay que tenerlo miedo, a final de cuentas somos humanos y cometemos errores. Siempre es un buen día para empezar de nuevo.
"En algún momento yo era como todos y ahora solo trato de redimirme y decirles que si se puede."
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